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Un empleado de Long Island afirma que su jefa lo obligó durante años a mantener relaciones sexuales en el centro de rehabilitación de Queens donde ambos trabajaban, e incluso usaba excusas absurdas para justificarlo. Según la demanda de 100 millones de dólares presentada por Kian Cooper, la directora Michele Poole llegaba a decirle: “Barack conoció a Michelle en el trabajo. Era su jefa. Sé presidencial… deberías darme las gracias”.

Cooper asegura que todos en la oficina sabían lo que ocurría por los ruidos tras la puerta de Poole y que cada vez que intentaba poner fin a la situación, ella lo amenazaba con despedirlo. Asegura que pidió que se detuviera más de cien veces.

Poole niega rotundamente las acusaciones. Afirma que la relación —de seis meses— fue consensuada, que Cooper la colmaba de regalos y que ella ni siquiera tenía autoridad para despedirlo. Dice tener “pruebas” que la respaldan y planea demandar a quien la difame.

Cooper también señaló que Poole habría tenido otra aventura con un segundo empleado, algo que ese trabajador niega.

Los encuentros, según Cooper, ocurrían dos o tres veces por semana al inicio del turno de las 6 a.m. Él relata que caminaba hacia la oficina sintiéndose atrapado, tratando “de aguantar el abuso y conservar el trabajo”. A sus 50 años, continúa empleado como supervisor clínico en Saint Joseph’s. Poole, en cambio, ya no trabaja allí, aunque no se sabe si renunció o fue despedida.